Naufragio con espectador


Mauro Cerqueira (Guimarães, 1982) forma parte de la generación más joven de artistas portugueses. Palabras como tensión, equilibrio, densidad, fragilidad o la pareja destrucción/construcción definen un proyecto artístico que responde a la violencia, la estabilidad y la conformidad sociales. Cerqueira concibe al público de sus obras como “el primer testigo que llega a la escena de un accidente”. Suele tratarse de piezas escultóricas y situaciones activadas por el espectador, ya sea porque son el resultado de una performance, o por que la instalación se plantea como el escenario de una acción pasada o futura. Una carrera en un puente que se derrumba o una construcción elaborada con vasos de cristal a punto de caerse son muestras de un trabajo basado en acciones simples que dan lugar a estructuras precarias. La energía de la juventud y algunos referentes de subculturas como el punk o el skate se filtran a menudo en su trabajo.

Todos estos elementos y actitudes guardan una estrecha relación con el contexto histórico y urbano en el que Cerqueira ha desarrollado su trabajo hasta el presente: la ciudad de Oporto. Inmersa en la crisis que el país sufre desde hace casi diez años, la capital del norte de Portugal ha experimentado importantes y rápidas transformaciones. La decadencia, la ruina y la miseria de sus barrios antiguos, como el de la Ribeira, junto al río Duero, conviven con un proyecto de modernización del tejido urbano que tiene como emblemas la nueva red de metro o la Casa da Música, diseñada por el arquitecto Rem Koolhaas. A medida que estos cambios se producen, el centro de Oporto pierde habitantes para dejar sitio a una pujante industria turística que se adueña de esos espacios con fines comerciales, en un nítido proceso de gentrificación.

Los dos estudios que Mauro Cerqueira ha ocupado hasta el momento están situados en este territorio conflictivo y han jugado un papel esencial en la elaboración de muchas de sus obras, redefiniendo las pautas de las prácticas site-specific. El primero se encontraba en un edificio semi-abandonado, localizado a escasos metros de la plaza más céntrica de la ciudad y cerca de una de las áreas más degradadas y problemáticas. Desde ese estudio Cerqueira filmó la obra Até ao osso en 2010. En este video se ve la excavación realizada para construir el aparcamiento de un hotel de lujo y los restos de un antiguo cementerio que fue desmantelado. El protagonista anónimo del video, avistado por azar mientras el artista miraba por la ventana de su taller, es un hombre joven –posiblemente vecino del barrio- que merodea entre las tumbas, escarba y recoge huesos y calaveras que guarda en una bolsa de plástico.

Até ao osso muestra la destrucción de una parte del casco viejo de la ciudad de Oporto, la especulación a la que está sometido, el desplazamiento de sus habitantes y el olvido de su historia. Otros trabajos responden al mismo escenario de maneras distintas. Es el caso de muchas esculturas e instalaciones estrechamente vinculadas al primer estudio, víctima también en los últimos tiempos de los intereses inmobiliarios y la ruina. La serie de las Trepadeiras (2010-2011), por ejemplo, es un conjunto de piezas elaboradas con trozos de persianas que se desmontan, se alargan y se acomodan a diferentes espacios y configuraciones. A partir de materiales de deshecho que rescata de su entorno más inmediato y de gestos muy simples, Cerqueira crea nuevos objetos y situaciones que aluden a la inestabilidad y la imposibilidad de sentirse seguro en un contexto en perpetua transformación.

O cego e a cidade (2011), un video reciente, funciona casi como despedida y homenaje a ese espacio. En él se ve el extremo de una vara de madera que golpea un techo de escayola decorado con molduras. La imagen está invertida y el palo parece el bastón de un ciego que examina el terreno por el que camina. Cuando el material del techo cae se convierte instantáneamente en un nuevo elemento con el que trabajar. La destrucción y la construcción aparecen así como metáforas de lo que sucede en la ciudad: una rápida metamorfosis aquejada de amnesia y desinterés por el pasado. El registro y la conservación en la memoria de esta realidad dura e injusta convive siempre en las obras de Mauro Cerqueira con un sentido del humor sutil y socarrón, así como con una expresividad seductora y espontánea. Vida y arte se enhebran en sus obras con autenticidad y compromiso, ahuyentando cualquier tentación de pintoresquismo basado en la miseria. Sus trabajos se inspiran en la precariedad de un entorno urbano y social para hablar de incertidumbres existenciales que van más allá de una geografía concreta.

Esta vocación se aprecia con especial claridad en una serie de publicaciones que constituyen una parte fundamental de su proyecto artístico e integran su interés por la historia, la literatura y la cultura popular. Está a morrer e não quer ver (2009), Exvotos e milagres (2009-2011) y Momentos da história trágico-marítima e a Santa Liberdade (2011), son ediciones realizadas en un formato de tipo periódico compuestas por dibujos, textos propios o ajenos y documentos procedentes de archivos y bibliotecas. En ellas Cerqueira investiga el pasado glorioso de Portugal y su caída en desgracia en el presente. En Momentos da história trágico-marítima e a Santa Liberdade, por ejemplo, fragmentos de textos de la crónica que realizó Bernardo Gomes de Brito en el siglo XVIII, a partir de los testimonios de supervivientes de naufragios que tuvieron lugar en la ruta de las Indias, en el siglo XVI, se presentan junto a la historia del trasatlántico Santa Liberdade; secuestrado en 1961 por un grupo de antifascistas portugueses y gallegos, liderados por el militar Henrique Galvão, que querían denunciar las dictaduras de Salazar y Franco, para dirigirse a continuación a las colonias africanas, con el objetivo, romántico y utópico, de iniciar una revolución que nunca prosperó.

Ilustrada por dibujos del artista que acompañan los relatos compilados por Gomes de Brito en 1735 y por una selección de primeras planas de periódicos que siguieron las peripecias del secuestro en 1961, esta edición relaciona los orígenes del imperio portugués -una historia épica, llena de aventureros, héroes y grandes navegantes, pero también de naufragios, dramas y sufrimiento- con el principio del fín de sus conquistas, señalado, en este caso, por el incidente del buque Santa Liberdade y su fallida revolución. Historia, literatura y ficción se dan la mano en un proyecto anti-jerárquico, pensado para ser distribuido más allá de los canales institucionales y concebido como una protesta contra el olvido que pretende ser movilizadora y actual.

En la contraportada de los Momentos da história trágico-marítima puede leerse un fragmento del libro Naufragio con espectador (1995), del escritor alemán Hans Blumenberg, que sintetiza sus intenciones:“Montaigne justifica al espectador del naufragio, así como su satisfacción calificada sin más como maligna (volupté maligne), no como el derecho de éste a gozar del espectáculo, sino como el éxito de su auto-conservación. Él está en el margen firme, fuera de peligro, gracias a la capacidad de mantener la distancia. Sobrevive gracias a una de sus propiedades inútiles: la de ser espectador”. Las esculturas, videos y publicaciones de Mauro Cerqueira cuestionan física y conceptualmente la existencia de esa distancia.


Pedro de Llano
Exit Express, nº60, 2011



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“Michael”
O convite e a visita a um atelier apresentam sempre uma experiência curiosa e intensa.
Enquanto subo a longa escadaria do prédio envelhecido junto à Praça dos Lóios onde se encontram os trabalhos preparados para a próxima exposição de Mauro Cerqueira, este ao meu lado reforça, por diversas vezes, que já só faltam três andares para lá chegarmos. Este prédio, como muitos outros desta cidade, revela-se semi-devoluto. Poderíamos mesmo dizer que se encontra quase suspenso na sua arquitectura rígida de finais do século dezanove à espera de uma intervenção decisiva de restauro que o regaste à humidade dos fungos e às paredes amarelecidas e esfareladas dos cantos das salas. Assim, visto de uma das inúmeras janelas, o cenário de um tempo útil, próspero e promissor de uma cidade activa cedeu lugar a um desfilar de lojas e espaços abandonados que se revelam esventrados nos seus negócios ruinosos e empobrecidos. Aqui, neste amarinhado de vigas e ferros torcidos, acompanhado pelo arfar ensurdecedor das máquinas de perfuração de um edifício ao lado, chego finalmente ao piso onde através de pequenos corredores de acesso entro na sala de execução das obras.
A sala-atelier, com aspecto de improvisada, apresenta à direita uma longa mesa onde além de alguns recortes de jornais descansam diversos desenhos recentes de Mauro Cerqueira. Junto às duas paredes laterais, recortam-se um conjunto de obras em metal alinhadas com a verticalidade das paredes onde se reconhece uma estrutura tubular acentuada pela a sua forma trapezoidal. Lado a lado, seleccionadas por um olhar arguto e límpido do artista Mauro Cerqueira, estas estruturas tubulares apresentam-se revestidas de uma solenidade acrescida, quando, após uma atenção mais aprofundada nos revelam a sua origem e funcionalidades inicialmente previstas. Entre estes e outros objectos disponíveis, predomina uma luva colada à parede, que além de se apresentar gasta nos revela no interior do seu dedo indicador o frio do metal de uma navalha. Facilmente se reconhece que eram outros os desígnios iniciais destes objectos relativos à sua forma e função. No entanto, estas obras recuperadas para esta operacionalidade estetizante apresentam-se investidas de uma intensa e dramática narratividade. Valoriza-se deste modo o cuidado despendido pelo artista Mauro Cerqueira em reorganizá-las em novas configurações, despojando-as de qualquer artificialidade.
Indirectamente, Mauro Cerqueira invoca uma celebridade recentemente falecida dos anos 80, que nos seus anos áureos representou o fulgor cintilante de um futuro infinitamente próspero e festivo. Eram então tempos de abundância dos ritmos exemplares promovidos pelos videoclips iniciáticos da MTV, em que não faltava a notoriedade que se proponha revivalista do “ Walk on the Moon” dos idos anos 60, enquanto cosmopolitismo triunfador regido pelas cirurgias plásticas e as aparências néon de festividades universais.
Silvestre Pestana
Agosto 2010
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"OSSOS"

Um homem magro, de boné, carrega um saco de plástico da Fnac numa mão e na outra leva uma picareta. A imagem é capturada de cima e em plano fechado. Não temos informação sobre a sua expressão nem tão pouco sobre aquilo que o circunda. No entanto, a partir desta imagem quase anónima, conseguimos tactear a fragilidade urbana que Mauro Cerqueira propõe examinar nas peças que apresenta na Galeria Graça Brandão, em Lisboa. Ao fazermos a leitura sociológica da imagem – o homem, a sua magreza, sem carteira, sem destino – uma espécie de incómodo nos invade: de onde surge este léxico que nos traduz o outro, o anónimo com quem partilhamos a rua?
Na actual exposição são apresentados três vídeos: “Até ao Osso” – uma inusitada arqueologia num terreno em construção –, “Água vai” – a rotina de manutenção de um prédio degradado –, e “Porto Morto” – uma série de ocupações de um prédio abandonado – que mapeiam a textura urbana por onde o artista se movimenta.
Já em trabalhos anteriores o atelier e as vivências de rua actuavam como princípios agitadores da prática de Mauro Cerqueira.
Agora, o espaço entre o atelier e o exterior foi articulado tornando-se esta parcela de cidade num sintoma daquilo que se vive, a uma escala mais ampla, em algumas zonas nos centros das cidades; zonas em que se assiste ao debate entre os pares conflitantes como antigo-moderno, abundância-miséria, centro-periferia, campo-cidade, negligência-opulência.
As seis esculturas feitas com resíduos encontrados nesta parcela de cidade, uma frase e uma acção de revolta, perfazem a exposição, e partilham da mesma urgência e precariedade do que João Miguel Fernandes Jorge assertivamente assinalou sobre o filme Ossos de Pedro Costa: “Neste filme mostra-se como se ultrapassou um tempo histórico e social. Como a comunidade na qual nos inserimos já é outra. Como já não se situa no ponto exacto onde cada um de nós ainda a concebe.”

Maria do Mar Fazenda
L+arte, Fev. 2010

O artista enquanto jovem

A força da adolescência como criadora de situações artísticas. Numa exposição de Mauro Cerqueira,

“Sua boca, aberta para gritar, estava cheia de terra”, de Mauro Cerqueira


Artista com um percurso realizado sobretudo no Porto, Mauro Cerqueira (Guimarães, 1982) desceu este ano, finalmente, a Lisboa. Só desde Março já expôs, entre individuais e colectivas, no projecto Round The Corner, de Margarida Mendes, no Espaço Avenida 211 e no Museu da Electricidade (no âmbito dos Prémios EDP Novos Artistas, onde foi Menção Honrosa). E, agora, eis “Sua boca, aberta para gritar, estava cheia de terra”, no Kunsthale Lissabon, espaço (e projecto) gerido por João Mourão e Luís Silva.

É caso para dizer, parafraseando o nome do blog onde o artista desenvolve, há vários anos, uma furiosa e desopilante produção em desenho, que o Planeta Mauro é um “astro” cada vez menos associado ao contexto de uma cidade. Embora isso não signifique que devamos esquecer a sua origem. Muito pelo contrário.

Mauro Cerqueira surgiu, de facto, com e dos espaços alternativos ou não-institucionais do Porto, como o Salão Olímpico; foi nesse milieu que encontrou a realidade que lhe permitiria desenvolver algumas das práticas, interesses e modos de fazer que identificam a sua obra. A saber: o gosto pelo trabalho em espaços precários, “novos”, menos tradicionais; o cruzamento descontraído da arte contemporânea com os universos eruditos/marginais da cultural popular (porque eles também existem); o interesse pela performance como criadora de objectos e espaços; ou o uso da Internet como suporte efectivo de uma obra – é legítimo dizer que Mauro Cerqueira é um(dos) artista(s) do seu tempo.

“Sua boca, aberta para gritar, estava cheia de terra” não vem assinalar uma ruptura com esta história. Está lá o resultado de uma performance (realizada no dia 10), o gosto por outro lugar que não o white cube, e principalmente o trabalho, quase displicente, mas sempre intenso, com materiais, conceitos e gestos simples. A instalação homónima consiste num singular plataforma de madeira pintada de branco, construída pelo próprio e sobre a qual este verteu tinta branca. Uma acção sobre o espaço e presença do espectador: o chão torna-se um prolongamento cromático da estrutura e ganha uma dimensão pictórica que o espectador pode (ou não) trazer para fora da exposição, “pintando” o exterior com as suas pegadas. Sem o controlo do artista, como os mergulhos dos skaters no vídeo "O salto - Serin and Rich" (2009).

O movimento físico, indiferente, fazedor de situações, pontua, com frequência, as intervenções de Mauro Cerqueira. Em particular, o do adolescente (o skater, os rapazes que mergulham, o artista, o desenhador de traços crus). Nem por acaso, este trabalho foi inspirado numa cena de “Scum” (1977), filme de Alan Clark, (nome do cinema realista britânico), que retrata o quotidiano de um reformatório inglês dos anos 70: aquela em que dois miúdos são castigados depois de apanhados a escrever numa parede a frase “I´m Happy”.

O vídeo “E o céu formara, na imunda lona de má qualidade, um retalho de um azulo glorioso” remete para “imagens” semelhantes. O artista baloiça num lençol branco, sobe, desce, escorrega, pendura-se como um pirata, um evadido ou Kurt Cobain no candelabro, no vídeo de “Come As You Are”. O título é retirado do conto “Youth”, de Joseph Conrad e remete para o rasgo feito na rampa de “Perder as Graças” (apresentado nos Prémios EDP). Afinal o que se vê depois desse rasgo, o que aparece depois daqueles movimentos? Porventura, apenas o gesto insistente, despreocupado do artista diante do futuro. À procura do azul do céu e do mar.

MARMELEIRA, Jóse – “O artista enquanto jovem”. Jornal Público/ Ípsilon, 18.09.09


A acção como um soalho escavado.

O trabalho de Mauro Cerqueira constitui uma topografia estratificada em que o espaço físico é a plataforma mais visível do seu universo multifacetado. O espaço emerge por via de uma acção performativa intensa, e o corpo do artista transforma-se num elemento ligador entre os objectos que integram as suas obras e as referências que convoca criando uma outra espacialidade que existe em paralelo, um blogue intitulado “maurocerqueira.blogspot.com”. Aqui reside o registo dos projectos que vai construindo como um arquivo e que contém desenhos, vídeos, livros de autor, fanzines, música, documentação de acções e performances realizadas, projectos e colaborações com outros artistas em espaços lateriais à actividade galerística, numa rede de relações que se estabelece como uma geografia do fazer . Este blogue possui, para além de uma corporalidade própria onde se concentra a produção do autor, uma tónica autoreferencial que nos transporta ao seu universo íntimo que no caso de Mauro Cerqueira não é uma fronteira intransponível mas a possibilidade de religar a diversidade de meios que utiliza na sua prática artística. No contexto da sua obra, o espaço – num sentido mais abrangente e que pode ser o atelier, o espaço público ou os diferentes espaços onde apresenta o seu trabalho - é como um plano transitório onde podem ocorrer acontecimentos que não correspondem necessáriamente a um resultado pré-determinado, como se se tratasse de um espaço sujeito a uma permanente experimentação. A obra que Mauro Cerqueira apresenta no EMPTY CUBE intitulada “Como passos num chão oco e escavado por baixo” recebe o título de uma passagem do primeiro livro escrito por Robert Musil, em 1906, “O Jovem Torless”. Este romance retrata o confronto de um jovem aluno de um internato austríaco com os métodos da disciplina formativa da personalidade e a consequente tensão psicológica que sofre perante a realidade humana que encontra revelada através dos jogos de subjugação e de poder. O trabalho de Mauro Cerqueira integra de uma forma muito subtil ligações e referências à literatura, à música, ao cinema e às artes visuais projectando sobre o espectador acções e registos (muitas vezes sob a forma documental), da sua reflexão sobre ficções e narrativas que nos põem perante problemas éticos e morais. Esta atitude reflexiva reenvia-nos para uma dimensão ética e íntima da forma como nos relacionamos com o espaço e sobre a necessidade de nele inscrevermos a actividade humana do labor transformando esse espaço num contentor aberto e produtor de sentido.

O vídeo apresentado regista a presença de alguém que incessantemente circula dentro de uma sala pouco iluminada. Esta acção decorre no seu atelier, e é de novo o corpo do artista que nos coloca perante a questão do que se está ali a passar. O atelier transforma-se num espaço abstracto e desfuncionalizado onde apenas ocorre um acontecimento que só o autor pode interpretar. A fraca iluminação de uma sala aparentemente vazia e o movimento aleatório daquele corpo pode enunciar uma referência a Bruce Nauman, e ao seu projecto "Mapping the Studio”, (2001). Mas esta referência é apenas uma das linhas geográficas do seu trabalho que se reencontra com outras obras de B. Nauman, tais como “Boucing in the Corner Nº1”, “Wall/Floor Positions” e “Stamping in the Studio” realizadas no final da década de sessenta.

A performatividade com que o artista impregna o instante é a matriz que reconhecemos no registo e que nos relembra que uma acção pode ser, ainda que repetida vezes sem conta, apenas um fragmento da nossa vivência.

João Silvério

Setembro 2009

Mauro Cerqueira – a descida irremediável

É difícil, em Mauro Cerqueira, separar os objectos do seu trabalho, e que podem ser usualmente considerados como esculturas e/ou objectos-escultóricos, das realidades em que serviram como objectos de atelier e/ou como adereços de cena performativa. Os seus trabalhos são, habitualmente, restos ou testemunhos do rasto de uma acção performativa já realizada a que se junta (ou não) outra documentação (vídeos, fotos ou desenhos).

Neste sentido, o trabalho de Mauro Cerqueira, na sua concepção, no seu processo de construção/concretização e de reconhecimento público, é uma questão de tempo. E uma questão de corpo, pois este existe na obra como matéria e é-lhe central.
Este enunciado do seu projecto de trabalho como questão de tempo, de corpo, de espaço estabelece uma tríade de elementos que se devem entender, em si mesmos, como objectos com soluções de associação livres e reversíveis nas quais a acção surge como catalisador.

Mauro Cerqueira idealiza os seus trabalhos como exercícios e demonstrações de equilíbrios físicos e metafóricos; e apenas os pode realizar ou concretizar (no sentido de os levar a bom termo) em estado de desequilíbrio. Não há repouso e nada permanece nas suas peças, tudo se desloca e tudo se desmancha ou quebra: as matérias interagem com o corpo e este com as matérias, os sons resultam da acção mas envolvem-na e pertencem-lhe também integrando a multiplicidade de matérias de trabalho: que são tábuas desamparadas, aglomerados de madeira desfeitos a insistentes golpes de ineficazes facas domésticas ou os copos de vidro que equilibram instáveis, que não suportam os pesos sobrepostos ou são lançados ao ar para se estilhaçarem.

O espaço é um elemento de circunscrição e suporte dos restantes; mas é, principalmente, objecto de uma contraditória vontade de Mauro Cerqueira: ocupá-lo e dele/nele separar as coisas. Corte e cicatriz, plano e linha, desejo e decepção, imobilidade e desabamento, velocidade e inacção, verticalidade e horizontalidade, corrida e arrastamento criam alguns dos pontos de tensão e ancoragem do trabalho de Mauro Cerqueira.

As características de desmaterialização e performatividade que temos vindo a referir manifestam-se de modo muito complexo: através do som (como intervenção musical e não só como ruído); através ainda da intervenção da palavra, como desenho e no desenho, como escrita enunciativa e como linguagem agregadora de um universo ficcional: a narrativa plástica-verbal do seu “Planeta Mauro”, centro de um peculiar sistema planetário em redor do qual gravita a multiplicidade/disparidade da sua obra.
No seu conjunto, estes elementos conduzem-nos a um universo de coisas que, iludindo aparências, não desejam significar-se como metáforas mas como representações, como interminável enumeração de realidades e possibilidades conduzindo-nos numa viagem vertiginosa e descendente.

De facto, Mauro Cerqueira deseja mais referir(-se a) coisas de escondidos pesadelos individuais do que criar ou trabalhar (com) imagens ilusórias da possibilidade de uma evasão colectiva. São as suas inumeráveis colecções temáticas de desenhos e os seus catálogos para realização de (todas as) acções possíveis com (todos os) materiais possíveis que justificam esta conclusão: nos desenhos, na lógica de pequenas narrativas absurdas e deceptivas ou como listas de objectos ridículos, instáveis, inquietantes, o artista estabelece um texto visual (por vezes directamente legendado); nas suas construções-acções, o artista cria estruturas precárias (que destrói ou simplesmente “estraga” no decurso da acção e cuja funcionalidade apenas se revela através do acto performativo), que não necessitam de justificação externa (serem imagens de coisa nenhuma) para existirem.

É de uma situação dessas que aqui tratamos. As três obras apresentadas (inter-dependentes e ostentando o mesmo título “Perder as Graças”, 2009) integram a linha dos trabalhos performativos na dimensão de objecto sobre o qual se desenrolou a acção do artista, de objecto-complemento dessa acção e de objecto-documento (um conjunto de desenhos, não apresentados em exposição, desenvolve uns habituais estudos quase-narrativos sobre a peça principal e outras peças próximas). Chamámos peça principal à primeiramente nomeada, chamaremos peça reflexa (ou melhor, de reflexão) à segunda e peça documental à última. A dita peça principal é uma rampa suportada agora por estável e perfeita estrutura de carpintaria cuja estrutura revela e onde apoia a placa de gesso que o artista intervencionou.

A segunda peça é como que um espelho dessa placa: surge colocada em situação de desequilíbrio (ou de frágil equilíbrio). Finalmente, o curtíssimo vídeo documental recupera a memória /o tempo de acção. A visão da peça principal (que já percebemos ser a geradora das restantes) é anterior e independente delas. Essa situação pode torná-la pouco inteligível como objecto-espaço de acção conferindo-lhe o irónico destino de um enriquecimento complementar como exemplo de “arte pela arte”, objecto de mero destino estético. No percurso da exposição passamos pelo plano branco da segunda peça e vemos o monitor onde a acção se documenta.

A segunda peça só se entende depois de passarmos frente ao monitor pelo que acaba por ser ela que fecha o entendimento do conjunto. No monitor, Mauro Cerqueira abre com uma faca um sulco no pano do plano inclinado escorregando desde o alto até cair no chão – como numa cena dos velhos filmes de piratas em que Douglas Fairbanks ou Errol Flyin descem acrobaticamente do topo dos mastros rasgando o pano das velas com os seus punhais.

Vemos que esta segunda placa (vertical ao chão) se encontra completamente separada da parede e apenas equilibrada por esta faca que suporta todo o peso da placa entre as pontas arredondadas da lâmina e do cabo: é uma decepcionante faca doméstica, com cabo plástico e pequena lâmina de serrilha, sem qualquer dimensão épica, do mesmo tipo das que o artista usou noutros trabalhos para desfazer com esforço alguns aglomerados de madeira. Estamos aptos agora a compreender o sentido global da intervenção de Mauro Cerqueira. Mais do que citar uma das peças da instalação “Bodyspacemotionthings” de Robert Morris (Tate Gallery, Londres, 1971, curiosamente reposta na Tate Modern já depois da inauguração da presente exposição) e sobre a qual os visitantes podiam exercitar a sua capacidade de equilíbrio, percorrendo-a nas várias direcções; mais do que emular ou ironizar criticamente sobre a mitografia cinéfila Mauro concentra-se num exercício solitário, um exercício de descida (de queda), de rompimento (de ferida) sem qualquer dimensão épica, possibilidade de partilha ou de optimismo futuro.

O conjunto de obras apropria-se de um título literário (de um romance de Mishima), estabelece um curto-circuito com a realidade imediata prescindindo da metáfora original (do “marinheiro que perdeu as graças do mar”) e faz-nos perceber que todos descemos o mesmo plano inclinado: todos perdemos as graças, a salvação. Quando chega ao chão, Mauro Cerqueira chega ao chão onde nós (espectadores) também estamos – é aí que nos (nós e ele) encontramos.

PINHARANDA, JOÃO.

Saltos no vazio

Nos anos 1970, um longo período de seca obrigou ao esvaziamento das piscinas de uma vasta área de Los Angeles. O facto foi aproveitado pelos Z-Boys, o mais importante grupo de skaters da história, para inventar novas transições – foi na “Dogbowl”, em Santa Monica, que o mítico Tony Alva criou a “frontside air”, uma das principais manobras da modalidade vertical. O uso deste género de arquitecturas para a prática do skate voltou a surgir recentemente devido à crise no mercado imobiliário norte-americano – não é raro ver-se os praticantes deste desporto a limparem o lodo entretanto acumulado no fundo de um tanque de água para ali aperfeiçoarem o seu estilo.

Os z-Boys são igualmente apontados como uma das origens da subcultura punk/skater, sendo hoje famosas as pranchas criadas por Stacy Peralta e o construtor George Powell, as Powell-Peralta. Um destes skates é usado num dos vídeos que Mauro Cerqueira (Guimarães, 1982) apresenta no Espaço Campanhã – o mais recente espaço independente do Porto, gerido por Miguel Pinho e José Maia.

O filme, caseiro, sem edição e com cerca de trinta minutos, é composto por manobras realizadas por dois skaters de Bristol, Serin e Rich, que tomaram como ponto de partida uma série de desenhos publicados pelo autor no fanzine “Sem Rumo”. A interpretação vai dando lugar a um progressivo afastamento da “pauta”, dando lugar à invenção de novos desafios – o registo, feito no ateliê do artista, documenta assim um processo criativo, feito de um permanente experimentar.

Na parede oposta à apresentação deste trabalho, é projectado um outro vídeo, protagonizado pelos mesmos skaters, contudo, neste caso, Serin e Rich misturam-se com a população local no acto de saltar quer das margens da Ribeira, quer do tabuleiro inferior da ponte D. Luís, para o rio Douro.

A performance tem agora lugar no espaço público, num crescendo que leva o estrangeiro a ser o protagonista do mergulho mais corajoso, porque feito de um ponto mais elevado. A grelha da arquitectura do ferro é assim o cenário de uma coreografia informal, popular, mas nem por isso menos eficiente do ponto de vista estético – aqueles voos encontram o seu equivalente conceptual em “Le saut dans le vide” (1960), protagonizado por Yves Klein.

Projectados sobre duas estruturas em madeira – uma peça intitulada “As paredes de um grande tanque”, que faz de cenário e de elemento estruturante da exposição, porque a confina a um território nómada, no qual acontece a deriva de Serin e Rich –, os vídeos são acompanhados por uma legenda inscrita na parede, um grafitti onde se lê a frase: “Uma das coisas mais bonitas que eu já vi foi skaters a usar piscinas vazias.”


Mauro Cerqueira fabrica obras de arte com ideias simples e de uma eficácia desarmante. Talvez seja possível um dia ver o seu trabalho ao lado de outros produzidos nomes e criações que participam da mesma energia: Bruno Peinado, Shaun Gladwell, Raphaël Zarka, a arquitectura “Free Basin” (2000-2002), instalada pelos Simparch na Documenta XI, em Kassel, ou ainda as fotografias de Craig R. Stecyk III.



FARIA, Óscar. "Saltos no Vazio" Público/Ípsilon, 29.05.09

Os joelhos em sangue sobre a neve & Está a morrer e não quer ver. Mauro Cerqueira (Edição de autor)

Aos poucos, Mauro Cerqueira vai desdobrando o seu acto criativo por várias frentes materiais, modos de expressão, veículos, de forma a transmitir melhor ou mais desenvoltamente o seu propósito artístico, inanalisável e indeterminado, não pela razão de não existir, ou não ser claro, mas precisamente pela sua natureza artística. Assim sendo, encontramos nas suas sucessivas acções e exposições objectos a que podemos dar o nome de vídeos, esculturas, instalações, site-specific, desenhos, grafitti, e, o que mais nos importará aqui, publicações. É indispensável não desenlaçar estes projectos editoriais dos projectos artísticos nos quais se integram, ou dos quais são complemento, continuação, metástase. Mauro Cerqueira é, em primeiro lugar, um artista, e estas publicações são parte da sua pesquisa. No entanto, poderemos indubitavelmente apreciar as publicações por si mesmas, nalgum grau de autonomia em relação ao restante dos projectos, nem que pela simples razão de nos evitarem entrar num discurso que não nos compete.

O primeiro, está a morrer e não quer ver, foi lançado numa exposição colectiva do mesmo nome no Espaço Campanhã, no Porto, cuja curadoria está a cargo de José Maia. Esta exposição tinha a ver com uma determinada perspectiva sobre a História de Portugal, quer a mais recente quer a mais glorificada, e sobretudo com a crescente apolitização da arte contemporânea (a qual, quando nela incorre, persegue princípios mais ou menos seguros, pouco incómodos ou até mesmo “seguramente incómodos”...). está a morrer e não quer ver tem um formato de jornal menor do que o tablóide, assemelhando-se por isso aos jornais gratuitos distribuídos pelo país. É impresso a uma cor apenas, preto, precisamente em “papel de jornal”, e tem dez folhas dobradas, simplesmente metidas umas dentro das outras. A primeira folha contém a capa, com uma gravura da nau São Gabriel, de Vasco da Gama, e o título em letras góticas, e a contra-capa uma citação de Herman Broch de Esch ou a Anarquia, e o cólofon. Esta é a única folha cuja impressão está na “face” das folhas; o miolo está invertido, isto é, apenas tem impressão no “verso”, ou “para dentro”: as restantes nove apresentam desenhos, os quais apenas podem ser vistos na íntegra, fora o último/do meio, se desfizermos o jornal... Todos estes desenhos mostram barcos (naus, caravelas, ou simplesmente “barcos”) em várias fases de catástrofe, engolidos pelas ondas, pelas chamas, pelos furacões e redemoinhos, maëlstroms e Caríbdis, todos sob as inefáveis formas da tinta riscada, despejada, salpicada dos desenhos brutos de Cerqueira. A catástrofe ganha ainda mais sentido, táctil, performativo, através do necessário gesto do leitor em desfazer o jornal para que possa ver os desenhos. A glória da nau de Vasco da Gama, tomada eventualmente como símbolo (pífio e cansado) de uma qualquer portugalidade evanescente, é aqui torturada pelos acasos da história (como quem diz para não esquecer que a par d’Os Lusíadas, os Descobrimentos devem ser temperados pela História Trágico-Marítima e pelaPeregrinação), incorporados na prática de Cerqueira, sem virtuosismo, sem equilíbrio, sem ponderação, e talvez mesmo sem medo.
Os joelhos em sangue sobre a neve, cujo formato recordará Alma Picada (publicação ao comprido, com papel de toalhas de mão dobradas, em edições pequenas mas em que cada objecto é único, uma vez que os desenhos são repetidamente redesenhados para cada uma das páginas) está associado a uma outra exposição havida no mesmo espaço, em curso, cujo título é Lição no. 2, mas está ainda associada às peças com as quais Cerqueira participou do recente prémio EDP jovens artistas e àquelas que estão em produção para uma exposição a haver no Espaço Avenida, intitulada Entrocamento. Estes desenhos, simples, rabiscados, brutos, parecem ser apontamento ou ilustração de acções de performance, de instalações – esta imagem que mostramos ecoa a instalação e vídeo Perder as Graças -, em larga medida com características bem próximas dos projectos de Mauro Cerqueira na esfera artística em que participa. Os joelhos... termina com uma citação de O Marinheiro que perdeu as graças do mar, de Mishima (não identificado), mas desligando-se da violência que lhe é inerente (explorada de modo mais directo por Tiago Manuel na exposição que teve no CCB, e que presumimos vir a tomar a forma de uma publicação num futuro próximo) ou pelo menos adiando-a para “fora” do livro, deixando-a apenas como ambiente latente, ponto que nos obrigue nela a pensar sem que ganhe forma directa. Cria-se antes, com essa mesma citação operando sobre os desenhos, uma espécie de tensão de contornos fluidos, idêntica àquela que é descrita no trecho de Mishima, em torno de uma piscina vazia (a qual estabelece outros jogos de associação com uma cultura jovem urbana explorada bastas vezes por Cerqueira, a saber, a do skate).
É também de Broch a afirmação de que “a nossa prática actual da arte já não é um ofício divino”, a qual nos coloca numa questão: aperceber-se-á este artista, talvez, mesmo que não discursiva ou intelectualmente, dessa perda de natureza? Será mesmo essa perda, ainda que adivinhada, que o coloca num caminho da precariedade – dos materiais, da linguagem, da discursividade eventualmente positiva? É como se se apercebesse estar “cá em baixo”, “cá fora”, e olhasse para o “cima” e o “dentro” e o único modo de expressar essa perda, essa pena, fosse através da fragilidade, do acto violento, do acto destrutivo, “no future”. Os traços dos seus actos e peças para essa ideia concorrem.
Displicência, negrume, agrura, tédio, pequenas violências e ódios que se vão formando, alguns deles mesmos virados contra a própria pessoa, são as características conceptuais que parecem evolar-se de todos os estes textos, e que o colocam, ao artista, num maior grupo de autores que exploram esta espécie de descontínua insatisfação e pouco à-vontade com o resto do mundo. Tratar-se-á de uma estratégia pensada, de um traço típico de um fazer artístico, uma mania, ou uma profunda e verdadeira irritação que se forma? Serão estas publicações, negligentes para com um certo estilo, uma certa qualidade e até uma coerência (Mauro Cerqueira explora, com André Sousa, um espaço chamado Uma certa falta de coerência), desprovidas de estilo, qualidade e coerência? É óbvio que não; caso o fossem, dissipar-se-iam no nada: existindo, participarão de um estilo, de uma qualidade e de uma coerência, tudo o que apenas se torna observável na continuidade e desenvolvimento do trabalho do seu autor. A ver.
Nota: agradecimentos ao autor, pela oferta de ambas as publicações. A primeira está à venda por 3 Euros, a segunda (de apenas 50 exemplares "únicos"), por 20 Euros, ora no Espaço Campanhã (aberto por marcação) ora junto do próprio autor, contactável pelo seu blog.


"A piscina despejada"



“Jim saltou para o fundo do lado mais baixo. Escorregou na superfície húmida e o seu joelho esfolado deixou uma mancha ensanguentada nos azulejos. Uma mosca pousou imediatamente no sangue.”[1]

Logo após este parágrafo Jim tentou imaginar que outra utilidade teria uma piscina que não fosse a de estar cheia de água. Quando parto para a realização do meu trabalho penso nesta questão colocada por Jim. Gosto de olhar para a piscina vazia e pensar em outras utilidades que esta poderá ter. Que objectos se vão encontrar misturados com a sujidade e humidade no canto mais fundo após ter sido esvaziada. Quando entro dentro da piscina e fico a olhar para os vestígios do verão passado penso nas memórias que tudo aquilo me traz e começo a pensar que talvez seja bom fazer algo com essas coisas encontradas. Mas quando olho para cima, vejo na ponta da prancha um grande e velho insecto. Pego nos objectos cobertos de lodo e ponho-os dentro da minha mochila. Vou para casa trabalhar.

Uma das coisas mais bonitas que já vi foi ver skaters a usar piscinas vazias. Aí percebi que era possível ser livre. Que há lugar para a liberdade. Quando era miúdo e brincava na piscina cheia de água tentava várias vezes chegar ao fundo. Para isso tirava todo o ar dos pulmões. O que me chateava era que nunca podia desfrutar o tempo suficiente do fundo da piscina porque rapidamente precisava de regressar à superficie de forma a ter oxigénio novamente. Era mais fácil permanecer à superfície. Havia tantos miúdos a brincar sempre que eu tirava a cabeça debaixo de água e olhava à minha volta. Tirava novamente o ar dos pulmões e regressava ao fundo. A meio de um verão abri sem dizer a ninguém a torneira da piscina e fiquei ali sentado a ver o nível da água descer. Quando esta ficou vazia peguei no meu skate e lancei-me lá dentro. Parti na parte das escadas menos funda, passei toda esta zona plana vendo aproximar-se a rampa que me iria conduzir até à zona funda. Quando lá cheguei a velocidade disparou e senti finalmente toda aquela liberdade.

Com os objectos encontrados no meio do lodo fiz um desenho. Colei o desenho na parede do quarto e afastei-me para o olhar com alguma distância. Olhei e não reconheci nenhum dos objectos do canto da piscina. Fui até à janela e tive que tapar os olhos porque o reflexo do sol que batia nos azulejos azuis da piscina despejada feria-me. Olhei novamente mas com mais cuidado por entre os dedos e vi uma mosca velha a correr pelo jardim. Ela corria, mas não corria para lado nenhum. Dava voltas e mais voltas ao tanque azul mas nunca entrava. Já estafada, a mosca velha descansava debaixo de uma palmeira. Dela escorria suor, muito suor a escorrer do seu corpo que atraiu a atenção de moscas muito novas que por ali passavam. Elas lambiam-lhe o suor das pernas.

Então eu corri, corri muito rápido com uma lata de spray na mão. Desci as escadas de minha casa e logo entrei no jardim. Saltei bem alto como se saltando para a piscina quando esta tinha água. Caí no fundo com a lata de spray e escrevi nos azulejos a palavra liberdade. ‘Tava com medo de me esquecer da experiência de liberdade sentida quando me lancei no skate em cima dos azulejos. Estava com medo de me esquecer de saber como ser livre mesmo a sério, mesmo de verdade.

[1] Ballard, J. G. in “Império do sol”.

Mauro Cerqueira

Estado de graça

Um contexto alternativo: a cidade do Porto, o universo das bandas rock, fanzines, performances...

Mauro Cerqueira é um eterno adolescente


Um planeta: Planeta Mauro Cerqueira. A ironia do ego. A criação de um mundo, dos seus objectos, personagens e elementos. Desenhos, muitos desenhos. Um foguetão: 3, 2, 1... Uma constelação. Estrelas e satélites.

Referências ou coordenadas. Várias paragens. O abismo, a vertigem e o perigo dos buracos negros. Uma viagem sem fim. Explorar o percurso e universo criativo do artista Mauro Cerqueira (Guimarães, 1982) implicanos numa viagem quase labiríntica pelos meandros da virtualidade. Uma actividade dispersa por vários domínios que, no geral, configuram uma vontade e um trabalho que, depois de organizados em blogues e perfis MySpace, remetem-nos para os pressupostos inerentes à clássica tipologia do arquivo: selecção, catalogação e organização. Em vez dos pesados móveis de ferro, cheios de gavetas, Mauro Cerqueira cria uma rede de espaços virtuais, aberta a novas ligações – criadas por ele ou por outros artistas – alimentada regularmente com novas imagens, textos e vídeos, obras e documentos, que nos revelam, aos poucos, o processo, as influências ou referências, as ambições, e, sobretudo, definem aquilo que pode ser um artista, interrogando, ao mesmo tempo, essa condição.


Música, rock, desenho, fanzines ou livros de artista, performance, escultura e pintura, atravessam a prática artística e muitos dos projectos realizados por Mauro Cerqueira. As colaborações encetadas com outros artistas e performers – realizadas, na sua maioria, em espaços alternativos, muito característicos do Porto –, enquadram aquilo que vemos e lemos sobre o artista. A iniciativa e a acção propriamente dita são palavras de ordem. As oportunidades criam-se.


Em 2006, participa na exposição “Wacky Races”, com André Sousa, no âmbito da qual criam o fanzine Promoção. “Um fanzine deveras interessante pela qualidade plástica dos trabalhos seleccionados, expostos no local. Desenhos e pinturas feitas sobre papel, tão trash como delicados ao mesmo tempo, feitos de linhas toscas, frágeis, mas plenos de poesia e de uma narrativa não linear. A atitude dos dois artistas é semelhante, mas no caso de Mauro parece ser ainda mais extrema, quanto mais não seja pela diversidade de recursos utilizados, sem perder coerência nem força plástica nas abordagens diferentes por que passa.” (Marco Mendes, “Os Fanzines no Porto, Hoje”, in Salão Olímpico 2003-2006) Numa das páginas deste fanzine, Mauro Cerqueira desenha uma figura engravatada, com uma seringa no braço e escreve “We have an opinion”. Uma tomada de posição? Uma provocação, certamente. Alma Picada é o título de outro fanzine. Arrepiante.


Contexto | Alternativo: uma palavra sem significado? Conceito institucionalizado? A dinâmica criativa da cidade do Porto – na qual se insere, por enquanto, o trabalho de Mauro Cerqueira – tem sido amplamente reconhecida por curadores e críticos. A edição de um livro, pela Fundação de Serralves, sobre o projecto Salão Olímpico (um desses espaços alternativos), é a confirmação do valor e da importância deste tipo de iniciativas na formulação de propostas e discursos artísticos que, por sua vez, estão em consonância com as necessidades inerentes a estas realidades. “Têm sido por isso determinantes as iniciativas de grupos de artistas que se associam e auto-organizam, apresentando trabalho com assinalável regularidade em espaços precários e não convencionais, dentro de um modelo de acção que encontra inúmeras correspondências num contexto internacional, como acontece nomeadamente no caso dos ‘artist-run spaces’ londrinos”, refere João Fernandes no texto de apresentação de Salão Olímpico 2003-2006. Assim, “salões de bilhar, prédios abandonados, lojas fechadas, sótãos de casas particulares, são tudo exemplos de espaços que se têm transformado em salas de exposição e em ateliers.” (Ricardo Nicolau, “Montes da Verdade“, in Salão Olímpico 2003-2006). Um contexto pretensamente “singular”, como define Ricardo Nicolau que destaca, ainda, “a grande presença da performance e do desenho e a importância do seu papel no corpo de trabalho de uma grande quantidade de artistas – independentemente de os utilizarem regularmente, apenas, ou, pelo contrário, de forma quase exclusiva”.


Concretizando, como refere Miguel von Hafe Pérez no livro Propostas da Arte Portuguesa Posição 2007: “Aqui, sucedem-se espaços de carácter mais ou menos efémero, alternativos e independentes: Caldeira 213, Maus Hábitos, W. C. Container, In.Transit, Artemosferas, PêSSEGOprá- SEMANA, Salão Olímpico, Mad Woman in The Attic, Projecto Apêndice e a Sala são alguns pontos de uma cartografia instável, embora decisiva para a afirmação de uma geração”. Alguns fecharam. Outros novos surgiram. A efemeridade não permite a institucionalização abusiva.


A importância deste contexto é decisiva para um artista como Mauro Cerqueira, que afirma à L+arte reconhecer nesta dinâmica um papel central para muito daquilo que tem feito e continua a fazer, intervindo e participando na criação e programação de novos espaços. O mais recente, de sua iniciativa, chama-se Uma Certa Falta de Coerência, em colaboração com André Sousa, situado numa rua no centro do Porto. Um nome que é uma citação e tradução do título do livro de Jimmie Durham, A Certain Lack of coherence: Writings on Art and Cultural Politics. Um local que propõe uma “discussão da Arte e do Real no espaço físico e real (...) diferentes olhares, diversidade de programação e a construção de uma rede de relações para além dos limites da amizade e da geografia”. Para o blogue que apresenta este novo projecto são transferidos dois textos de Durham – “Artists Must Begin Helping Themselves” e “Interview with a 10,000 Year Old Artist” – que, de alguma forma, questionam “o papel e o modelo de artista” e a própria ideia de comunidade. Os dois artistas viajaram pelo Reino Unido para verem espaços semelhantes, formas de sobrevivência, originalidades e desafios. A relação estabelecida com o contexto é fundamental para Mauro Cerqueira. O ateliê, num prédio do Porto, desloca-se para os diferentes espaços onde mostra o seu trabalho. O resultado final é fruto de uma vivência específica: “Gosto de espaços novos, gosto do desafio colocado, interessa-me o diálogo entre arquitectura e trabalhos, desloco-me e faço trabalhos no próprio lugar de exposição”. Começou também a interessar-se pela escultura, pelos objectos, articulados com performances. Copos de vidro, madeiras, berlindes... A fragilidade e o equilíbrio dos materiais. O público é confrontado e integrado na tensão criada.


1982 | Eterno adolescente? “Imagens de pessoas, de adolescentes como eu, que levantavam os olhos do asfalto e ficavam encadeados pelo sol” é uma frase do livro Menos que zero, de Bret Easton Ellis, uma das referências literárias de Mauro Cerqueira, a partir da qual realiza uma série de obras e uma exposição na Galeria Gomes Alves, em Guimarães. Outras influências atropelam-se: Larry Clark, David Shrigley, Mike Kelley, Richard Prince, Raymond Pettibon, Virgin Prunes, Sonic Youth, Pedro Costa, entre outros. Artistas que trabalham universos perpendiculares ao seu, cujos nomes não recusa enunciar. E, ainda, o fascínio e a fé, quase cega, nas bandas rock. Sublinha-nos a importância do que vê, lê e ouve. Dispersa-se em vários interesses.


Seleccionado por Ricardo Nicolau para o projecto Pilot:3 – evento e publicação, paralelo à Bienal de Veneza 2007 e Frieze Art Fair 2007, Londres, que mostra o trabalho de novos artistas – a sua obra é caracterizada pela utilização de uma iconografia peculiar, cenas violentas de humor negro repletas de alusões escatológicas e sexuais no âmbito das convenções do cartoon e do fanzine, criando, desta forma, um universo que se move entre a “melancolia e o êxtase, desejo e desespero, sangue e fluidos humanos”. A tensão é constante e, ao longo dos vários projectos, a presença da adolescência, do sexo, dos desenhos espontâneos, de um certo delírio ficcionado, dos desgostos de amor, das desilusões e ilusões, e da estetização do sofrimento, da indiferença perante o dia de amanhã – “Se Morrer, Morri” é o nome da exposição na Galeria Reflexus, Porto – é uma constante. O mote “live fast and die young” adequa-se na perfeição. O corpo é suporte e objecto, dor e prazer. Uma experiência e um registo particular da memória, do tempo. Resgatar o passado para a incoerência do presente. Uma ideia de liberdade, despreocupação juvenil, o caos e o prazer da catarse. Repetição e insistência.


Uma religião | Coincidência: Mauro Cerqueira nasceu em 1982, o mesmo ano em que Dan Graham inicia o projecto Rock My Religion, 1982-84. Publicado inicialmente como um ensaio, serve de base a um filme, no qual o artista norte-americano teoriza sobre o surgimento de uma nova classe social, surgida no pós-guerra – a adolescência – estabelecendo uma íntima relação com o universo criativo do rock, a religião dos tempos contemporâneos; uma classe social originalmente criada para consumir é consumida pelo lazer, tédio e vontade de revolta. Um filão criativo.


Mauro Cerqueira é um dos seus exemplos. “A religião dos adolescentes dos anos 50 e a contracultura dos anos 60 são adoptadas pelos artistas Pop que propõem um fim da religião da ‘arte pela arte’. Patti dá um passo em frente: o rock como uma forma de arte que progressivamente irá englobar a poesia, a pintura e a escultura. Se a arte é apenas um negócio, como sugere Warhol, então a música torna-se na emoção comunal, transcendental, que a arte passou a negar”, postula Dan Graham, no texto Rock Religion. Cruzamentos que encontramos, igualmente, em vários projectos de Mauro Cerqueira. As bandas de garagem que criou quando era mais jovem deram lugar a outras, mais profissionais, como Flanela de Tal (com a artista Isabel Carvalho). Com elas explora a visualidade e a performatividade de forma mais intensa, o confronto com o público. “Being young is a state of grace. Being young is also a matter of being present, not mired in nostalgia” (John Miller, Now even the Pigs’re groovin). Abismo e vertigem.


Pedro Faro, in revista "L+arte", Junho de 2008