Naufragio con espectador
Mauro Cerqueira (Guimarães, 1982) forma parte de la generación más joven de artistas portugueses. Palabras como tensión, equilibrio, densidad, fragilidad o la pareja destrucción/construcción definen un proyecto artístico que responde a la violencia, la estabilidad y la conformidad sociales. Cerqueira concibe al público de sus obras como “el primer testigo que llega a la escena de un accidente”. Suele tratarse de piezas escultóricas y situaciones activadas por el espectador, ya sea porque son el resultado de una performance, o por que la instalación se plantea como el escenario de una acción pasada o futura. Una carrera en un puente que se derrumba o una construcción elaborada con vasos de cristal a punto de caerse son muestras de un trabajo basado en acciones simples que dan lugar a estructuras precarias. La energía de la juventud y algunos referentes de subculturas como el punk o el skate se filtran a menudo en su trabajo.
Todos estos elementos y actitudes guardan una estrecha relación con el contexto histórico y urbano en el que Cerqueira ha desarrollado su trabajo hasta el presente: la ciudad de Oporto. Inmersa en la crisis que el país sufre desde hace casi diez años, la capital del norte de Portugal ha experimentado importantes y rápidas transformaciones. La decadencia, la ruina y la miseria de sus barrios antiguos, como el de la Ribeira, junto al río Duero, conviven con un proyecto de modernización del tejido urbano que tiene como emblemas la nueva red de metro o la Casa da Música, diseñada por el arquitecto Rem Koolhaas. A medida que estos cambios se producen, el centro de Oporto pierde habitantes para dejar sitio a una pujante industria turística que se adueña de esos espacios con fines comerciales, en un nítido proceso de gentrificación.
Los dos estudios que Mauro Cerqueira ha ocupado hasta el momento están situados en este territorio conflictivo y han jugado un papel esencial en la elaboración de muchas de sus obras, redefiniendo las pautas de las prácticas site-specific. El primero se encontraba en un edificio semi-abandonado, localizado a escasos metros de la plaza más céntrica de la ciudad y cerca de una de las áreas más degradadas y problemáticas. Desde ese estudio Cerqueira filmó la obra Até ao osso en 2010. En este video se ve la excavación realizada para construir el aparcamiento de un hotel de lujo y los restos de un antiguo cementerio que fue desmantelado. El protagonista anónimo del video, avistado por azar mientras el artista miraba por la ventana de su taller, es un hombre joven –posiblemente vecino del barrio- que merodea entre las tumbas, escarba y recoge huesos y calaveras que guarda en una bolsa de plástico.
Até ao osso muestra la destrucción de una parte del casco viejo de la ciudad de Oporto, la especulación a la que está sometido, el desplazamiento de sus habitantes y el olvido de su historia. Otros trabajos responden al mismo escenario de maneras distintas. Es el caso de muchas esculturas e instalaciones estrechamente vinculadas al primer estudio, víctima también en los últimos tiempos de los intereses inmobiliarios y la ruina. La serie de las Trepadeiras (2010-2011), por ejemplo, es un conjunto de piezas elaboradas con trozos de persianas que se desmontan, se alargan y se acomodan a diferentes espacios y configuraciones. A partir de materiales de deshecho que rescata de su entorno más inmediato y de gestos muy simples, Cerqueira crea nuevos objetos y situaciones que aluden a la inestabilidad y la imposibilidad de sentirse seguro en un contexto en perpetua transformación.
O cego e a cidade (2011), un video reciente, funciona casi como despedida y homenaje a ese espacio. En él se ve el extremo de una vara de madera que golpea un techo de escayola decorado con molduras. La imagen está invertida y el palo parece el bastón de un ciego que examina el terreno por el que camina. Cuando el material del techo cae se convierte instantáneamente en un nuevo elemento con el que trabajar. La destrucción y la construcción aparecen así como metáforas de lo que sucede en la ciudad: una rápida metamorfosis aquejada de amnesia y desinterés por el pasado. El registro y la conservación en la memoria de esta realidad dura e injusta convive siempre en las obras de Mauro Cerqueira con un sentido del humor sutil y socarrón, así como con una expresividad seductora y espontánea. Vida y arte se enhebran en sus obras con autenticidad y compromiso, ahuyentando cualquier tentación de pintoresquismo basado en la miseria. Sus trabajos se inspiran en la precariedad de un entorno urbano y social para hablar de incertidumbres existenciales que van más allá de una geografía concreta.
Esta vocación se aprecia con especial claridad en una serie de publicaciones que constituyen una parte fundamental de su proyecto artístico e integran su interés por la historia, la literatura y la cultura popular. Está a morrer e não quer ver (2009), Exvotos e milagres (2009-2011) y Momentos da história trágico-marítima e a Santa Liberdade (2011), son ediciones realizadas en un formato de tipo periódico compuestas por dibujos, textos propios o ajenos y documentos procedentes de archivos y bibliotecas. En ellas Cerqueira investiga el pasado glorioso de Portugal y su caída en desgracia en el presente. En Momentos da história trágico-marítima e a Santa Liberdade, por ejemplo, fragmentos de textos de la crónica que realizó Bernardo Gomes de Brito en el siglo XVIII, a partir de los testimonios de supervivientes de naufragios que tuvieron lugar en la ruta de las Indias, en el siglo XVI, se presentan junto a la historia del trasatlántico Santa Liberdade; secuestrado en 1961 por un grupo de antifascistas portugueses y gallegos, liderados por el militar Henrique Galvão, que querían denunciar las dictaduras de Salazar y Franco, para dirigirse a continuación a las colonias africanas, con el objetivo, romántico y utópico, de iniciar una revolución que nunca prosperó.
Ilustrada por dibujos del artista que acompañan los relatos compilados por Gomes de Brito en 1735 y por una selección de primeras planas de periódicos que siguieron las peripecias del secuestro en 1961, esta edición relaciona los orígenes del imperio portugués -una historia épica, llena de aventureros, héroes y grandes navegantes, pero también de naufragios, dramas y sufrimiento- con el principio del fín de sus conquistas, señalado, en este caso, por el incidente del buque Santa Liberdade y su fallida revolución. Historia, literatura y ficción se dan la mano en un proyecto anti-jerárquico, pensado para ser distribuido más allá de los canales institucionales y concebido como una protesta contra el olvido que pretende ser movilizadora y actual.
En la contraportada de los Momentos da história trágico-marítima puede leerse un fragmento del libro Naufragio con espectador (1995), del escritor alemán Hans Blumenberg, que sintetiza sus intenciones:“Montaigne justifica al espectador del naufragio, así como su satisfacción calificada sin más como maligna (volupté maligne), no como el derecho de éste a gozar del espectáculo, sino como el éxito de su auto-conservación. Él está en el margen firme, fuera de peligro, gracias a la capacidad de mantener la distancia. Sobrevive gracias a una de sus propiedades inútiles: la de ser espectador”. Las esculturas, videos y publicaciones de Mauro Cerqueira cuestionan física y conceptualmente la existencia de esa distancia.
Pedro de Llano
Exit Express, nº60, 2011
-------------------------------------------------
“Michael”
O convite e a visita a um atelier apresentam sempre uma experiência curiosa e intensa.
Enquanto subo a longa escadaria do prédio envelhecido junto à Praça dos Lóios onde se encontram os trabalhos preparados para a próxima exposição de Mauro Cerqueira, este ao meu lado reforça, por diversas vezes, que já só faltam três andares para lá chegarmos. Este prédio, como muitos outros desta cidade, revela-se semi-devoluto. Poderíamos mesmo dizer que se encontra quase suspenso na sua arquitectura rígida de finais do século dezanove à espera de uma intervenção decisiva de restauro que o regaste à humidade dos fungos e às paredes amarelecidas e esfareladas dos cantos das salas. Assim, visto de uma das inúmeras janelas, o cenário de um tempo útil, próspero e promissor de uma cidade activa cedeu lugar a um desfilar de lojas e espaços abandonados que se revelam esventrados nos seus negócios ruinosos e empobrecidos. Aqui, neste amarinhado de vigas e ferros torcidos, acompanhado pelo arfar ensurdecedor das máquinas de perfuração de um edifício ao lado, chego finalmente ao piso onde através de pequenos corredores de acesso entro na sala de execução das obras.
A sala-atelier, com aspecto de improvisada, apresenta à direita uma longa mesa onde além de alguns recortes de jornais descansam diversos desenhos recentes de Mauro Cerqueira. Junto às duas paredes laterais, recortam-se um conjunto de obras em metal alinhadas com a verticalidade das paredes onde se reconhece uma estrutura tubular acentuada pela a sua forma trapezoidal. Lado a lado, seleccionadas por um olhar arguto e límpido do artista Mauro Cerqueira, estas estruturas tubulares apresentam-se revestidas de uma solenidade acrescida, quando, após uma atenção mais aprofundada nos revelam a sua origem e funcionalidades inicialmente previstas. Entre estes e outros objectos disponíveis, predomina uma luva colada à parede, que além de se apresentar gasta nos revela no interior do seu dedo indicador o frio do metal de uma navalha. Facilmente se reconhece que eram outros os desígnios iniciais destes objectos relativos à sua forma e função. No entanto, estas obras recuperadas para esta operacionalidade estetizante apresentam-se investidas de uma intensa e dramática narratividade. Valoriza-se deste modo o cuidado despendido pelo artista Mauro Cerqueira em reorganizá-las em novas configurações, despojando-as de qualquer artificialidade.
Indirectamente, Mauro Cerqueira invoca uma celebridade recentemente falecida dos anos 80, que nos seus anos áureos representou o fulgor cintilante de um futuro infinitamente próspero e festivo. Eram então tempos de abundância dos ritmos exemplares promovidos pelos videoclips iniciáticos da MTV, em que não faltava a notoriedade que se proponha revivalista do “ Walk on the Moon” dos idos anos 60, enquanto cosmopolitismo triunfador regido pelas cirurgias plásticas e as aparências néon de festividades universais.
Silvestre Pestana
Agosto 2010
--------------------------------------------------------------------------
Um homem magro, de boné, carrega um saco de plástico da Fnac numa mão e na outra leva uma picareta. A imagem é capturada de cima e em plano fechado. Não temos informação sobre a sua expressão nem tão pouco sobre aquilo que o circunda. No entanto, a partir desta imagem quase anónima, conseguimos tactear a fragilidade urbana que Mauro Cerqueira propõe examinar nas peças que apresenta na Galeria Graça Brandão, em Lisboa. Ao fazermos a leitura sociológica da imagem – o homem, a sua magreza, sem carteira, sem destino – uma espécie de incómodo nos invade: de onde surge este léxico que nos traduz o outro, o anónimo com quem partilhamos a rua?
Na actual exposição são apresentados três vídeos: “Até ao Osso” – uma inusitada arqueologia num terreno em construção –, “Água vai” – a rotina de manutenção de um prédio degradado –, e “Porto Morto” – uma série de ocupações de um prédio abandonado – que mapeiam a textura urbana por onde o artista se movimenta.
Já em trabalhos anteriores o atelier e as vivências de rua actuavam como princípios agitadores da prática de Mauro Cerqueira.
Agora, o espaço entre o atelier e o exterior foi articulado tornando-se esta parcela de cidade num sintoma daquilo que se vive, a uma escala mais ampla, em algumas zonas nos centros das cidades; zonas em que se assiste ao debate entre os pares conflitantes como antigo-moderno, abundância-miséria, centro-periferia, campo-cidade, negligência-opulência.
As seis esculturas feitas com resíduos encontrados nesta parcela de cidade, uma frase e uma acção de revolta, perfazem a exposição, e partilham da mesma urgência e precariedade do que João Miguel Fernandes Jorge assertivamente assinalou sobre o filme Ossos de Pedro Costa: “Neste filme mostra-se como se ultrapassou um tempo histórico e social. Como a comunidade na qual nos inserimos já é outra. Como já não se situa no ponto exacto onde cada um de nós ainda a concebe.”
Maria do Mar Fazenda
L+arte, Fev. 2010